Un día como hoy, hace 145 años, nació en la
Hacienda “Jotabeche” de Copiapó don Paulino Callejas, mítico propietario de la
famosa mina aurífera de Capote, ubicada a 35 kilómetros
al norte de Freirina, la que llegó a ser la segunda productora de oro de Chile.
El 26 de octubre de 1901, en el mineral
de Quebradita, contrajo matrimonio con la
sanfelipeña Margarita Zamora Díaz, de cuya unión nacieron sus hijos Roberto,
Alerto, Filomena, Eduardo, Homero, Olga, Ramón, Hernán, Enrique y Margarita,
con quienes se traslada hasta los cantones salitreros de Taltal y Tocopilla en
busca de mejores oportunidades.
En 1931 llegó el declive de la industria del salitre y los Callejas vuelven a Freirina.
Con el mismo tesón, don Paulino se dirige una vez más a catear el viejo mineral
de Capote, ocasión en que su dueño por fin encuentra la veta de oro esperaba,
dando inicio a una gran época en la minería freirinense.
Don Paulino había comprado este mineral en
1932 a la familia Oyarzún en la suma de $ 160 de la época. Consistía en
numerosas vetas de oro de alta ley, que le permitió alcanzar amplia fama y
prestigio.
El mineral de Capote, que en su época
de esplendor llegó a tener unos siete mil habitantes, contó con variadas
instalaciones para uso de las familias que vivieron allí, tales como
policlínico, escuela primaria, teatro y canchas de fútbol. Incluso, para
mantener contentos a sus trabajadores, la familia Callejas más de alga vez contrató
a los elencos estelares de ColoColo, Universidad de Chile y hasta Alianza de
Lima para que jugaran con la selección local.
Una anécdota que ha transformado en
leyenda la figura de don Paulino Callejas fue la ocurrida durante una visita
suya a una empresa de venta de camiones en Santiago. En aquella ocasión se
presentó ante el encargado del local y le solicitó que le vendiera diez
camiones que los pagaría al contado. Para darle sentido a esta anécdota, hay
que decir que don Paulino lucía unos viejos pantalones de mezclilla y una
arrugada chaqueta, portando sobre su espalda un saco blanco con un misterioso
cargamento. Esta apariencia llevó al vendedor a tratarlo con prejuicio y
displicencia, enviándolo a la empresa de camiones instalada al frente, o sea, a
la competencia, con el afán de divertirse un rato y mofarse del humilde
comprador.
Al rato, motivado por la curiosidad, el
vendedor llamó por teléfono a su colega de la otra empresa para saber cómo le
había ido con “el loquito” que le había mandado a comprar diez camiones.
Mayúscula fue su sorpresa al enterarse que el misterioso personaje compró
efectivamente los 10 vehículos al contado con el dinero que llevaba en el saco
blanco. Resultado: Este vendedor fue despedido de inmediato.
El extinto historiador vallenarino
Francisco Ríos Cortés, precisa que don Alejandro Noemi Huerta, yerno y contador de don Paulino, era también el
encargado de trasladar a Santiago, tres veces por semana, las barras de oro de
diez o más kilos en un avión. Imagínese, más de 30 kilos de oro puro producía
por semana este riquísimo mineral.
A pesar del auge
que llegó a alcanzar Capote, entre las décadas de
1950 y 1960 las vetas empezaron a agotarse y, en consecuencia, las faenas
comenzaron a ser cerradas, provocando que todo un pueblo comenzara a emigrar.
Actualmente, los restos de este mineral yacen olvidados en medio del desierto. Vanos
han sido los intentos por parte de la Municipalidad de Freirina de rescatar
como patrimonio turístico este lugar, no obstante,
la mano invisible del tiempo sigue derribando las pocas murallas que aún siguen
en pie de lo que algún día fue el poblado y la planta de procesamiento de este
rico, mítico e histórico mineral de Capote que perteneció al legendario Paulino Callejas.
Sergio
Zarricueta Astorga